A C T O I
Escena 1
En una zona rocosa, en la que crecen acá y allá algunos árboles, y con montañas a ambos lados se encuentra un Templo...
Tamino desciende de una roca; en su mano lleva un arco, pero sin flechas, mientras que una serpiente le persigue...
Introducción
TAMINO ¡Socorro! ¡Socorro!
¡Oh estoy perdido. Esa astuta serpiente me ha elegido por víctima! ¡Dioses misericordiosos, la serpiente se acerca!
¡Ay, salvadme!
¡Ay, protegedme!
(Se desmaya. Tres damas cubiertas con velos salen del templo; cada una lleva una jabalina de plata.)
LAS TRES DAMAS ¡Muere, monstruo, nuestro poder te mata!
(Matan a la serpiente.)
¡Victoria! ¡Victoria!
¡Hemos efectuado la heroica hazaña!
¡Ese hombre ha sido liberado por la valentía de nuestro brazo!
PRIMERA DAMA
(contemplando a Tamino)
¡Un joven apuesto, delicado y bello!
SEGUNDA DAMA ¡Tan bello como jamás vi otro!
TERCERA DAMA ¡Sí, sí! ¡Tan bello, que es como para pintarlo!
LAS TRES DAMAS Si consagrase mi corazón al amor, el elegido sería este joven.
Vayamos donde está nuestra princesa a comunicarle la noticia de lo ocurrido; tal vez este hermoso joven pueda devolverle la calma perdida.
PRIMERA DAMA Id, pues, y decídselo. Yo me quedaré aquí.
SEGUNDA DAMA ¡No, no! Id vosotras. ¡Yo velaré aquí por él!
TERCERA DAMA ¡No, no! Eso no puede ser. Sólo yo lo protegeré.
PRIMERA DAMA ¡Pues yo me quedo aquí!
SEGUNDA DAMA ¡Pues yo lo velaré!
TERCERA DAMA ¡Pues yo lo protegeré!
PRIMERA DAMA Yo me quedo aquí.
SEGUNDA DAMA Yo velaré.
TERCERA DAMA Yo le protegeré.
LAS TRES DAMAS ¡Yo, yo, yo!
(Para sí)
¿Irme yo? ¡Ah, ah! ¡Qué bien!
¡A ellas les gustaría quedarse a solas con él!
¡No, no, esto no puede ser!
¡Qué no daría yo por poder vivir con este joven!.
¡Por tenerlo para mi sola!
¡Pero ninguna se va, no puede ser!
Lo mejor es que me vaya yo.
(En voz alta a Tamino)
Oh joven, bello y amable, oh joven querido, ¡adiós!
¡Hasta que vuelva a verte!
(Las tres se dirigen hacia la puerta del templo.)
TAMINO
(vuelve en sí)
¿Dónde estoy?
¿Será una ilusión que aún vivo?
¿O es que me ha salvado un poder superior?
¿La serpiente, muerta a mis pies?
¿Qué es lo que oigo?... Una extraña figura se acerca al valle.
(Se esconde. Papageno desciende por un sendero; lleva en las espaldas una gran jaula con pájaros y en las manos sostiene una flauta del Dios Pan)
2 AriaPAPAGENO
Yo soy el pajarero, siempre alegre, ¡ole, upa!
Como pajarero soy conocido por viejos y jóvenes en todo el país.
Cazo con reclamo y toco la flauta.
Puedo estar alegre y contento, porque todos los pájaros son míos.
Yo soy el pajarero, siempre alegre, ¡ole, upa!
Como pajarero soy conocido por los viejos y los jóvenes en todo este país.
¡Me gustaría tener una red para muchachas, las cazaría por docenas!
Luego las metería en la jaula y todas ellas serían mías.
Si todas las muchachas fueran mías, las cambiaría por azúcar: y a la que yo más quisiera le daría enseguida el azúcar.
Y me besaría con delicadeza, si fuera mi mujer y yo su marido.
Dormiría a mi lado y la acunaría como si fuese una niña.
(va a dirigirse hacia la puerta)
TAMINO
¡Eh, tú!
PAPAGENO
¿Quién está ahí?
TAMINO
Dime, alegre amigo, ¿quién eres tú?
PAPAGENO
¿Que quién soy yo? ¡Vaya pregunta!
Pues un hombre, al igual que tú.
¿Y si yo te preguntase quién eres tú?
TAMINO
Te respondería lo siguiente: Mi padre es un príncipe que reina sobre muchos países y muchas personas; por ello, llámame Príncipe.
PAPAGENO
¿Países? ¿Personas? ¿Príncipe?
Dime antes una cosa: ¿Hay, aparte de estas montañas, otros países y otras personas?
TAMINO
¡Muchos millares!
PAPAGENO
Entonces sería posible hacer negocios con mis pájaros
TAMINO
Pero, dime, ¿cómo se llama propiamente esta región?
¿Quién reina en ella?
PAPAGENO
No puedo responderte a esa pregunta, como tampoco podría si me preguntases cómo vine al mundo.
Lo único que sé es que no lejos de aquí está mi cabaña de paja, la cual me protege de la lluvia y del frío.
TAMINO
Pero ¿cómo vives?
PAPAGENO
De comida y bebida, como todos los hombres.
TAMINO
¿Y cómo las consigues?
PAPAGENO
Por trueque... Yo cazo pájaros para la reina Astriflamante y para sus damas; a cambio ella me da cada día comida y bebida.
TAMINO
(para sí)
¡La reina Astriflamante! Podría ser... ¡La Reina de la Noche!
(a Papageno)
Dime, buen amigo. ¿Has tenido ya la fortuna de verla?
PAPAGENO
¿Verla?
¿Ver a la reina Astriflamante?
Si vuelves a hacerme una pregunta tan tonta como ésa te aseguro, como que me llamo Papageno, que te encerraré como un pinzón en mi pajarera y te venderé con mis otros pájaros a la Reina de la Noche y a sus damas.
Y por mí, como si te cuecen o te asan.
¿Qué mortal puede vanagloriarse de haberla visto nunca?
(para sí)
¿Por qué me mira fijamente?
(a Tamino)
¿Por qué me miras con ojos de sospecha?
TAMINO
Porque dudo que... Que seas un hombre.
A juzgar por las plumas que te cubren creo que eres un...
(va hacia él)
¡Pájaro!
PAPAGENO
¿Un pájaro?
¡Te digo que no te muevas, pues poseo una fuerza de gigante!
TAMINO
¿Una fuerza de gigante?
(mira la serpiente)
¿Entonces tú has sido sin duda mi salvador, el que has matado a esta malvada serpiente?
PAPAGENO
¿Serpiente?
(mira a su alrededor y, temblando, retrocede unos cuantos pasos)
TAMINO
¿Pero cómo has vencido a este monstruo? ¡No llevas armas!
PAPAGENO
¡No las necesito! Una fuerte presión de mis manos vale más que todas las armas.
TAMINO
¿La has estrangulado?
PAPAGENO
¡Estrangulado!
(Entran las tres damas.)
LAS TRES DAMAS
¡Papageno!
PAPAGENO
¡Ah, eso es para mí!
TAMINO
¿Quiénes son esas damas?
PAPAGENO
Quiénes son en realidad, no lo sé. Lo único que sé es que diariamente se llevan mis pájaros y a cambio me traen vino, pan de azúcar y dulces higos.
TAMINO
¿Sin duda serán muy bellas?
PAPAGENO
¡No lo creo! Pues si fueran bellas, no cubrirían sus rostros.
LAS TRES DAMAS
¡Papageno!
PAPAGENO
(a Tamino)
¡Silencio! Ya están amenazándome.
LAS TRES DAMAS
¡Papageno!
PAPAGENO
(para sí)
¿Qué delito habré cometido hoy, para que estén tan irritadas conmigo?...
(a las Damas)
Eh, hermosas, aquí os entrego mis pájaros.
LA PRIMERA DAMA
(le entrega una botella de agua)
Hoy, en vez de vino, nuestra princesa te envía agua pura y clara.
SEGUNDA DAMA
Y en vez de pan de azúcar, esta piedra. Te deseo que te siente bien.
PAPAGENO
¿Cómo?
¿Es que he de comer piedras?
TERCERA DAMA
Y en vez de los dulces higos, te cierro la boca con este candado de oro.
PAPAGENO
¡Hmmmm!
PRIMERA DAMA
Seguramente sabrás por qué la princesa te castiga hoyde un modo tan raro.
PAPAGENO
¡Hmmm!
SEGUNDA DAMA
¡Para que en lo futuro no digas mentiras a los extraños!
TERCERA DAMA
Y para que no te jactes de las proezas que han efectuado otros.
PRIMERA DAMA
¡Dime! ¿Has vencido tú a esta serpiente?
PAPAGENO
¡Hmmmm!
SEGUNDA DAMA
¿Quién ha sido?
TERCERA DAMA
(a Tamino)
Nosotras fuimos, joven, las que te liberamos.
SEGUNDA DAMA
No tiembles; te aguardan alegrías y placeres
PRIMERA DAMA
Mira lo que te envía la gran princesa; es el retrato de su hija.
¿No es cierto que estas facciones no te dejan indiferente ... ?
TERCERA DAMA
... tu destino será entonces la felicidad, el honor y la fama.
LAS TRES DAMAS
¡Adiós!
SEGUNDA DAMA
¡Adieu, Monsieur Papageno!
PRIMERA DAMA
¡No bebas demasiado deprisa!
(Las tres damas salen.)
3 Aria
TAMINO
(observando el retrato)
¡Este retrato es encantadoramente bello, ningún ojo ha visto otro igual!
Siento cómo esta imagen divina llena mi corazón de emoción.
Es verdad que soy incapaz de darle nombre, pero la siento arder en mi corazón.
¿Será amor esta sensación?
¡Sí, sí! ¡Es únicamente amor!
¡Oh, si pudiera encontrarla!
¡Oh, si ella estuviese ya ante mí!
Yo.... yo..., de un modo cálido y puro... ¿Qué haría yo... ?
La estrecharía con delicia contra este pecho ardiente y entonces sería mía para siempre.
(Tamino se dispone a salir. Entran
las tres damas.)
PRIMERA DAMA
¡Ármate de coraje y de perseverancia, bello joven! La princesa...
SEGUNDA DAMA
... me ha encargado comunicarte...
TERCERA DAMA
... que ahora está abierta la vía que conduce a tu dicha futura.
PRIMERA DAMA
Ha escuchado cada una de tus palabras. Ha...
TERCERA DAMA
Ha dicho: Si ese joven tiene tanto coraje y valentía como delicadeza, entonces mi hija Pamina está salvada.
TAMINO
¿Salvada? ¿Pamina?
SEGUNDA DAMA
Es el nombre de la hija de la Reina de la Noche.
PRIMERA DAMA
Un demonio poderoso y malvado se la ha arrebatado.
TAMINO
¿Arrebatado?
¿Cuál es su nombre?
LAS TRES DAMAS
¡Sarastro!
TAMINO
¿Dónde reside?
SEGUNDA DAMA
Vive cerca de nuestras montañas. Su castillo es magnífico y está fuertemente vigilado.
TAMINO
¡Venid, muchachas, guiadme! ¡Pamina será salvada!
(un trueno)
¡Oh dioses, qué es esto!
LAS TRES DAMAS
¡la Reina!
¡Llega! ¡Llega! ¡Llega!
(Las montañas se separan. Una sala luminosa. La Reina de la Noche está sentada en un trono de estrellas.)
4 Recitativo y Aria
LA REINA DE LA NOCHE
¡No tiembles, querido hijo mío! Pues eres inocente, sabio y piadoso.
Un joven como tú es el que mejor puede consolar este corazón de madre tan profundamente afligido.
He sido elegida para sufrir, pues me falta mi hija; al perderla a ella, perdí toda mi dicha: un malvado me la quitó.
Aún la veo temblar con atemorizada agitación, veo su angustiado sobresalto, sus tímidos esfuerzos.
Hube de ver cómo me la robaban: "¡Ay, socorro!"
Eso fue todo lo que dijo; sólo que su súplica fue vana, pues mi fuerza era demasiado débil.
Tú irás a liberarla, tú serás el salvador de mi hija.
Y si te veo volver victorioso, tuya será para siempre.
(sale con las tres damas. Las montañas vuelven a cerrarse ocultando la sala del trono)
TAMINO
¿Es realidad lo que he visto?
5 Quinteto
PAPAGENO
(se acerca a Tamino y le muestra el candado que te cierra la boca)
¡Hm, hm, hm, hm, hm, hm, hm, hm!
TAMINO
Ya puede decir que lo han castigado, pues ha perdido la palabra.
PAPAGENO
¡Hmmm, hmm, hm, hmm, hm, hmmm, hm, hmm!
TAMINO
Lo único que puedo hacer es compadecerte, pues soy demasiado débil para ayudarte.
PAPAGENO
¡Hmmm, hmm, hm, hmm, hm, hmmm, hm, hmm!
(Entran las tres damas.)
PRIMERA DAMA
(a Papageno)
La Reina te otorga su gracia, por mi mediación te perdona la pena.
(Con rápido gesto le quita el candado de la boca.)
PAPAGENO
¡Ahora Papageno vuelve a parlotear!
SEGUNDA DAMA
Sí, parlotea ¡Pero no vuelvas a mentir!
PAPAGENO
Nunca más volveré a mentir. ¡No! ¡No!
LAS TRES DAMAS
¡Que este candado te sirva de advertencia!
PAPAGENO
¡Que este candado me sirva de advertencia!
TODOS
Si a todos los mentirosos les pusieran un candado como éste en la boca: en vez de odio y calumnia, lo que habría sería amor y fraternidad.
PRIMERA DAMA
(le da a Tamino una flauta de oro)
¡Oh Príncipe, acepta este regalo! Te lo envía nuestra princesa.
Esta flauta mágica te protegerá y sostendrá en las mayores desgracias.
LAS TRES DAMAS
Te permitirá obrar con omnipotencia, transformar las pasiones de los hombres: el triste se pondrá alegre, el solterón se enamorará.
TODOS
Oh, una flauta como ésta vale más que todo el oro y todas las coronas, pues con ella se incrementa la dicha y felicidad de los hombres.
PAPAGENO
Entonces, bellas damas, si lo permitís, me despido de vosotras.
LAS TRES DAMAS
Puedes despedirte cuando quieras, pero la princesa te ordena que sin demora vayas con el príncipe al castillo de Sarastro.
PAPAGENO
¡No! ¡Muchas gracias! Pues me dijisteis que Sarastro es tan fiero como un tigre.
No tendría compasión de mí, me haría descuartizar y asar, y me arrojaría a sus perros.
LAS TRES DAMAS
¡El príncipe te protegerá, confía solamente en él! A cambio, le servirás.
PAPAGENO
(para sí)
¡Ojalá que el diablo se llevase al príncipe!
Me es muy querida mi vida; y al final, por mi honor, éste se alejará de mí como un ladrón.
PRIMERA DAMA
(le da un carillón a Papageno)
Toma este tesorito, es tuyo.
PAPAGENO
¡Eh, eh! ¿Que habrá dentro?
LAS TRES DAMAS
Dentro oirás sonar las campanillas.
PAPAGENO
¿Y podré tocarlas cuando me apetezca?
LAS TRES DAMAS
¡Pues claro que sí! ¡Sí, sí, claro que sí!
TODOS
Las campanillas de plata, la flauta mágica serán necesarias para vuestra/nuestra protección.
Adiós, nos vamos. Adiós. ¡Hasta la vista!
(Todos se disponen a irse.)
TAMINO
Pero decidme, bellas damas...
PAPAGENO
¿Cómo encontraremos el castillo?
TAMINO, PAPAGENO
¿Cómo encontraremos el castillo?
LAS TRES DAMAS
Tres muchachos, jóvenes, bellos, nobles y sabios, os acompañarán en vuestro viaje; serán vuestros guías, seguid únicamente sus consejos.
TAMINO, PAPAGENO
Tres muchachos, jóvenes, bellos, nobles y sabios, nos acompañarán en nuestro viaje.
LAS TRES DAMAS
Serán vuestros guías, seguid únicamente sus consejos.
TODOS
¡Adiós, pues! Nos vamos. Adiós, adiós.
¡Hasta la vista!
(salen todos)
Escena 2
(Una habitación magnífica en el palacio de Sarastro. Monostatos entra con unos esclavos y Pamina)
6 Trío
MONOSTATOS
¡Entra, pichoncita, entra!
PAMINA
Oh, qué tortura! ¡Qué tormento!
MONOSTATOS
¡Tu vida está perdida!
PAMINA
La muerte no me causa espanto; lo que me duele es mi madre, que seguramente morirá de pena.
MONOSTATOS
¡Eh, esclavos! ¡Encadenadla!
(La encadenan.)
Mi odio será tu perdición.
PAMINA
¡Oh, prefiero que me mates pues que nada, bárbaro, puede conmoverte!
(Se desmaya sobre un sofá.)
MONOSTATOS
¡Fuera! ¡Dejadme solo con ella!
(Los esclavos salen.)
PAPAGENO
(por fuera, junto a la ventana)
¿Dónde estoy? ¿Dónde estaré? ¡Ajá, ahí veo gente! Ánimo, voy a entrar.
(entra)
¡Bella muchacha, joven y graciosa, mucho más blanca que la tiza!
MONOSTATOS, PAPAGENO
(se asustan el uno al otro)
¡Uh! ¡Seguro que es el diablo!
¡Ten compasión!
¡Perdóname la vida!
¡Uh! ¡Uh! ¡Uh!
(Monostatos escapa.)
PAPAGENO
¿Pero es que soy tan necio, que me dejo asustar? En el mundo hay pájaros negros, ¿por qué no va a haber también hombres negros?... Hmm, mira! ¡Ahí está Pamina!
Eh, tú, hija de la Reina de la Noche...
PAMINA
¿Quién eres?
PAPAGENO
Un enviado de la reina Astriflamante.
PAMINA
¿De mi madre? ¡Oh!... ¿Cómo te llamas?
PAPAGENO
Papageno.
PAMINA
¿Papageno .... ? Papageno... ¡recuerdo ese nombre, pero nunca te vi!
PAPAGENO
¡Tampoco yo te vi a ti nunca! Hace ya muchos años que llevo al palacio de tu madre todos los bellos pájaros...
Hoy, cuando me disponía a entregar los pájaros, vi de repente ante mí a un hombre que se hace llamar príncipe. Dicho brevemente: ese príncipe ha conquistado de tal manera el corazón de tu madre que ella te ha regalado tu retrato y le ha ordenado que te libere.
Su decisión fue tan rápida como su amor por ti.
PAMINA
¿Me ama? Pero, entonces, ¿por qué se retrasa tanto?
PAPAGENO
El príncipe me ha enviado para anunciarte su llegada.
PAMINA
¡Te has expuesto a grandes riesgos! Si Sarastro te viese aquí...
PAPAGENO
Me ahorraría el regreso. Puedo imaginármelo.
PAMINA
¿Es que no tienes una mujer que esté aguardándote?
PAPAGENO
¡Ni siquiera tengo una muchacha, así es que mucho menos una mujer!
¡A veces me entran ganas de arrancarme todas mis plumas, cuando pienso que Papageno no tiene aún una Papagena!
PAMINA
¡Paciencia, amigo! ¡También de ti se cuidará el cielo!
7 Dúo
PAMINA
A los hombres que sienten el amor nunca les falta un buen corazón.
PAPAGENO
Compartir los dulces impulsos es el primer deber de las mujeres.
PAMINA, PAPAGENO
Alegrémonos del amor, únicamente por él vivimos.
PAMINA
El amor endulza todas las penas; todas las criaturas lo alaban.
PAPAGENO
Él da sabor a nuestros días, actúa en el ciclo de la Naturaleza.
PAMINA, PAPAGENO
Su excelsa finalidad es bien clara, no hay nada más noble que una mujer y un hombre. El hombre y la mujer, y la mujer y el hombre alcanzan la esfera de la divinidad.
(ambos salen)
Escena 3
Cambio de decorado. Un agradable bosquecillo. Tres templos.
A la derecha, el«Templo de la Naturaleza»
A la Izquierda se encuentra el «Templo de la Razón»
Y en el centro se encuentra el «Templo de la Sabiduría»
Los tres muchachos conducen resueltamente a Tamino hacia los tres templos.
8 Final
LOS TRES MUCHACHOS
Este camino te conduce a la meta, pero tú, joven, has de vencer como un adulto.
Por ello, escucha nuestra enseñanza: ¡sé firme, paciente y callado!
TAMINO
Oh nobles muchachos, decidme, ¿podré salvar a Pamina?
LOS TRES MUCHACHOS
No nos corresponde a nosotros revelártelo: ¡sé firme, paciente y callado!
Recuérdalo; en suma, sé un hombre,y así, joven, vencerás como un adulto.
(Salen.)
TAMINO
Que la lección de sabiduría de estos muchachos quede grabada eternamente en mi corazón.
¿Dónde estoy?
¿Qué será de mí?
¿Será ésta la mansión de los dioses?
Las puertas muestran... Las columnas muestran que aquí moran la sabiduría, el trabajo y las artes; donde reina la actividad y no hay ociosidad, no es fácil que domine el vicio.
Con coraje osaré dirigirme a la puerta, mi intención es noble, pura y limpia.
¡Tiembla, cobarde malvado!
¡Mi deber es salvar a Pamina!
(Se dirige en primer lugar hacia la puerta del templo de la derecha.)
UN SACERDOTE
(desde dentro)
¡Atrás!
TAMINO
¿Atrás? ¿Atrás? ¡Tentaré ahí mi suerte!
(Se dirige hacia la puerta del templo de la izquierda )
UN SACERDOTE
(desde dentro)
¡Atrás!
TAMINO
¿También aquí gritan: «atrás»?
(mira alrededor)
Allí veo otra puerta, tal vez pueda entrar por ella.
(Llama a la puerta del centro. Aparece el Sacerdote)
EL SACERDOTE
¿Adónde quieres ir, joven audaz?
¿Qué buscas en este santuario?
TAMINO
El reino del amor y de la virtud.
EL SACERDOTE
¡Esas palabras son excelsas! Pero ¿cómo vas a llegar hasta allí?
No te guían ni el amor ni la virtud, pues lo que te anima son la muerte y la venganza.
TAMINO
¡Venganza sólo para el malvado!
EL SACERDOTE
No lo encontrarás entre nosotros.
TAMINO
¿No es Sarastro el que reina en estos lugares?
EL SACERDOTE
¡Sí, sí, Sarastro es quien aquí reina!
TAMINO
¿Pero no en el Templo de la Sabiduría?
EL SACERDOTE
Aquí en el Templo de la Sabiduría reina.
TAMINO
¡Entonces todo esto es hipocresía!
(se dispone a irse)
EL SACERDOTE
¿Ya quieres irte?
TAMINO
Sí, quiero irme, alegre y libre, ¡no quiero ver vuestros templos!
EL SACERDOTE
Explícate un poco mejor, eres víctima de un engaño.
TAMINO
Sarastro habita aquí, con eso me basta.
EL SACERDOTE
Si amas tu vida, ¡habla, quédate aquí!
¿Es que odias a Sarastro?
TAMINO
¡Lo odio por toda la eternidad! ¡Sí!
EL SACERDOTE
Dime la razón de tu odio.
TAMINO
¡Es un monstruo, un tirano!
EL SACERDOTE
¿Está demostrado eso que dices?
TAMINO
Lo está, por una mujer infeliz a la que afligen la pena y el dolor.
EL SACERDOTE
¿Así que te ha ofuscado una mujer? Una mujer hace poco y charla mucho.
¿Y tú, joven, crees lo que te ha dicho ella?
¡Oh, si Sarastro mismo te dijera el propósito de su acción
TAMINO
¡Su propósito está claro!
¿Es que no arrancó ese ladrón, a Pamina de los brazos de su madre?
EL SACERDOTE
¡Sí, joven! Eso que dices es verdad.
TAMINO
¿Donde está la que nos fue robada? ¿Es que ya ha sido sacrificada?
EL SACERDOTE
Querido hijo, decirte eso ahora, no me está permitido revelártelo.
TAMINO
Aclara ese enigma, no me engañes.
EL SACERDOTE
El juramento y el deber atan mi lengua.
TAMINO
¿Cuándo, pues, se disiparán estas tinieblas?
EL SACERDOTE
Cuando la mano de la amistad te introduzca en este santuario, para ligarte eternamente.
(sale)
TAMINO
¡Oh, noche eterna! ¿Cuándo te disiparas? ¿Cuándo encontrarán mis ojos la luz?
CORO
(desde dentro)
¡Pronto, pronto, joven, o nunca!
TAMINO
¿Pronto, decís, o nunca? Oh invisibles, decidme, ¿vive Pamina aún?
CORO
Pamina vive aún.
TAMINO
¿Vive? Os doy las gracias.
(Saca su flauta)
¡Oh, si yo pudiese, dioses omnipotentes, para honraros, describir con cada sonido mi gratitud, tal como aquí
(señala su corazón)
aquí ha surgido!
(Toca la flauta: enseguida aparecen animales de todas clases, que acuden a escucharlo. Deja de tocary los animales huyen.)
Qué poderoso es tu mágico sonido, ya que, flauta querida, cuando te escuchan, hasta las fieras se alegran.
¡Sólo Pamina no aparece!
¡Pamina! ¡Escucha, escúchame!
¡Es inútil!
¿Dónde, ay, dónde te encontraré?
(Toca su flauta. Papageno responde
desde dentro con la suya.)
¡Ah, ése es el sonido de Papageno!
(Toca; Papageno responde.)
Tal vez él haya visto ya a Pamina, tal vez ella venga con él hacia mí !
Tal vez este sonido me conduzca a ella.
(Sale deprisa. Entran Pamina y Papageno.)
PAMINA, PAPAGENO
Pies rápidos y coraje protegen de la astucia e ira del enemigo.
¡Ojalá encontremos a Tamino, pues, si no, el enemigo nos atrapará!
PAMINA
Noble joven!
PAPAGENO
¡Silencio, silencio, yo puedo hacerlo mejor!
(Toca su flauta. Tamino responde con la suya desde dentro.)
PAMINA, PAPAGENO
¿Es que hay alegría mayor que ésta?
Ya nos escucha nuestro amigo Tamino.
El sonido de su flauta ha llegado hasta aquí, ¡qué felicidad si lo encontrásemos!
¡Pero rápido! ¡Pero rápido!
(Se disponen a marchar. Aparece Monostatos.)
MONOSTATOS
¡Pero rápido! ¡Pero rápido!
Ja, ¿es que no os he atrapado?
Traed las cadenas y los cepos; Yo os enseñaré buenas costumbres.
¡Engañar a Monostatos!
¡Traed los lazos y las cuerdas!
¡Eh. esclavos, venid acá!
PAMINA, PAPAGENO
¡Ay, ahora sí que estamos perdidos!
MONOSTATOS
¡Eh, esclavos, venid acá!
(Vienen unos esclavos con cadenas.)
PAPAGENO
¡Quien mucho arriesga, mucho gana!
Ven, hermoso carillón, haz que suenen, que suenen las campanitas, que sus oídos las oigan cantar.
(Toca el carillón. Enseguida Monostatos y los esclavos se ponen a bailar y a cantar.)
MONOSTATOS, ESCLAVOS
¡Qué sonidos tan magníficos, qué sonidos tan bellos!
¡Larala la la larala!
¡Nunca había oído ni visto cosa igual!
¡Larala la la larala
(Salen, sin dejar de bailar.)
PAMINA, PAPAGENO
¡Si todos los hombres honestos poseyeran campanitas como éstas, todos los enemigos como ésos desaparecerían sin esfuerzo, y aquéllos podrían vivir en la mejor de las armonías!
Únicamente la armonía de la amistad alivia las penas; ¡sin esa simpatía no hay felicidad en la Tierra!
CORO
(desde dentro)
¡Viva Sarastro! ¡Viva Sarastro!
PAPAGENO
¿Qué significa eso? Tiemblo y me estremezco,
PAMINA
¡Oh amigo, estamos perdidos, anuncian la llegada de Sarastro!
PAPAGENO
¡Oh, si yo fuera un ratón, cómo me escondería!
¡Si yo fuera un pequeño caracol, me metería en mi concha!
Niña mía, y ahora... ¿qué vamos a decir?
PAMINA
¡La verdad, la verdad, aunque sea un crimen!
(Sarastro sobre un carro triunfal arrastrado por dos leones, hace su entrada acompañado de su séquito.)
NOTA: En la versión original son seis leones
CORO
¡Viva Sarastro,! ¡Por siempre viva! ¡A él nos entregamos con alegría!
Que siempre puede gozar sabiamente de la vida.
Él es nuestro ídolo, al que todos nos consagramos.
PAMINA
(se arrodilla ante Sarastro)
Señor, es cierto que soy culpable, pues quería escapar a tu poder.
Pero la culpa no es sólo mía: ese moro malvado solicitaba mi amor; por ello, oh señor, huía yo de ti.
SARASTRO
¡Levántate, serénate, querida! Pues antes incluso de apremiarte sé ya muchas cosas de tu corazón: amas mucho a otro.
No quiero obligarte a amar, pero tampoco te daré la libertad.
PAMINA
Me llama el amor filial, pues mi madre...
SARASTRO
...está en mi poder. Perderías tu felicidad si te dejase en sus manos.
PAMINA
El nombre de mi madre es dulce a mis oídos.
Ella es mi madre...
SARASTRO
...¡y una mujer orgullosa! Un hombre debe guiar vuestros pasos pues sin él suelen las mujeres sobrepasar la esfera que les corresponde.
(Monostatos conduce a Tamino.)
MONOSTATOS
Bien, joven orgulloso, ven acá, éste es Sarastro, nuestro señor.
PAMINA
¡Es él!
TAMINO
¡Es ella!
PAMINA
¡Casi no me lo creo!
TAMINO
¡Es ella!
PAMINA
¡Es él!
TAMINO
¡No es un sueño!
PAMINA
¡Mis brazos pronto lo estrecharán!
TAMINO
¡Mis brazos pronto la estrecharán!
PAMINA, TAMINO
¡Aunque por eso se acabe mi vida!
(Se abrazan.)
CORO
¿Qué significa esto?
MONOSTATOS
¡Pero qué frescura! ¡separaros! ¡Es demasiado!
(Los separa y se arrodilla luego ante Sarastro.)
Tu esclavo está postrado a tus pies: ¡castiga a ese sacrílego temerario!
¡Piensa en lo audaz que es! Sirviéndose de la astucia de ese extraño pájaro, quería arrebatarte a Pamina.
¡Sólo yo conseguí descubrirlo!
¡Tú me conoces!
Mi vigilancia...
SARASTRO
...Merece una recompensa. ¡Eh! Dad enseguida a este hombre de honor...
MONOSTATOS
¡Tu gracia basta para enriquecerme!
SARASTRO
... Setenta y siete azotes.
NOTA: ¿Os acordáis; el 77 GOD, OZ, etc...?
MONOSTATOS
¡Ay, señor, no me esperaba esa recompensa!
SARASTRO
Nada de gratitud, ¡es mi deber!
(Se llevan a Monostatos.)
CORO
¡Viva Sarastro, el divino sabio!
Premia y castiga con justicia.
SARASTRO
Introducid a estos dos extranjeros en nuestro templo de las pruebas; cubridles las cabezas, antes han de estar purificados.
(Dos sacerdotes cubren con sacos las cabezas de Tamino y de Papageno.)
CORO
Cuando la virtud y la justicia glorifican el camino de los grandes, entonces la Tierra es un reino celestial y los mortales son semejantes a los dioses.
FIN DEL PRIMER ACTO
***
A C T O II
***
A C T O II
Escena 1
(Un bosque de palmeras. Sarastro y los sacerdotes entran en solemne procesión.)
9 Marcha de los sacerdotes
SARASTRO
¡Oh vosotros, servidores iniciados de los dioses Osiris e Isis!
Con pureza de alma os digo que nuestra reunión es una de las más importantes de nuestra época: Tamino, hijo de rey, está en la puerta norte del templo, quiere arrancarse su velo nocturno y entrar en el santuario de la luz.
Hoy nuestro deber es velar por ese virtuoso y ofrecerle amistosamente la mano.
PRIMER SACERDOTE
¿Es virtuoso?
SARASTRO
¡Virtuoso!
SEGUNDO SACERDOTE
¿Y también discreto?
SARASTRO
¡Discreto!
TERCER SACERDOTE
¿Practica las buenas obras?
SARASTRO
¡Las buenas obras! Si lo tenéis por digno, seguid mi ejemplo...
Sarastro os da las gracias en nombre de la humanidad.
Pamina, muchacha dulce y virtuosa, ha sido destinada por los dioses a ese joven.
Tal es la razón por la que se la quité a su madre.
Esa mujer se figura ser muy grande, abriga la esperanza de trastornar al pueblo con engaños y supersticiones y de destruir el sólido edificio de nuestro templo.
¡Pero no lo conseguirá!
Tamino lo consolidará, con nosotros.
PRIMER SACERDOTE
Gran Sarastro, ¿soportará Tamino las duras pruebas que le aguardan?
No lo olvides: es un príncipe.
SARASTRO
¡Más todavía! ¡Es un hombre!
SEGUNDO SACERDOTE
Reconocemos y veneramos..,
TERCER SACERDOTE
... tu sabiduría.
SARASTRO
Que lleven a Tamino y a su compañero al atrio del templo.
(al Orador, que se arrodilla ante él)
Y tú, cumple tu sagrado ministerio: ¡enséñale a reconocer el poder de los dioses!
10 Aria con Coro
SARASTRO
¡Oh Isis y Osiris, conceded a esa nueva pareja el espíritu de la sabiduría!
Vosotros que guiáis los pasos de los peregrinos, fortalecedlos en el peligro dándoles paciencia.
CORO
Fortalecedlos en el peligro dándoles paciencia.
SARASTRO
Hacedles ver el premio de la prueba; y si debieran ir a la tumba, recompensad su audaz virtud, acogiéndolos en vuestra morada.
CORO
Acogedlos donde vosotros moráis.
(Salen, en cabeza Sarastro, y todos los demás, detrás de él)
Escena 2
(Noche. Tamino y Papageno son introducidos por tres sacerdotes que les quitan los sacos)
PAMINO
¡Qué noche tan horrible! Papageno, ¿sigues a mi lado?
PAPAGENO
¡Claro que sí!
TAMINO
¿Dónde piensas que nos encontramos?
PAPAGENO
¿Dónde? Si no estuviera oscuro, te lo diría ahora mismo, pero así...¡Oh!
(un trueno)
¡Ay de mí!
TAMINO
¿Qué pasa?
PAPAGENO
¡Esto no me gusta nada!
TAMINO
Por lo que veo, tienes miedo.
PAPAGENO
No es miedo exactamente, sino un escalofrío que me recorre la espalda.
(un fuerte trueno)
¡Ay de mí!
(Entran los sacerdotes con antorchas.)
PRIMER SACERDOTE
Extranjeros, ¿qué es lo que os mueve a penetrar en nuestros muros?
TAMINO
La amistad y el amor.
PRIMER SACERDOTE
¿Estás preparado a luchar por conquistarlos con tu vida?
TAMINO
Sí.
PRIMER SACERDOTE
¿Te someterás a cada una de las pruebas?
TAMINO
¡A cada una de ellas!
PRIMER SACERDOTE
¡Dame tu mano!
(Se estrechan las manos.)
¡Así!
SEGUNDO SACERDOTE
Y tú, Papageno, ¿quieres también luchar por conquistar el amor y la sabiduría?
PAPAGENO
Luchar no es lo mío. Y, en el fondo, tampoco deseo la sabiduría.
Yo soy un hombre primitivo, que se contenta con el sueño, la comida y la bebida; y si pudiera ser que alguna vez cazase a una bella mujercita...
SEGUNDO SACERDOTE
Si no te sometes a nuestras pruebas, nunca la obtendrás.
PAPAGENO
¿Y en qué consiste la prueba?
SEGUNDO SACERDOTE
En someterte a todas nuestras leyes y en no temer ni siquiera la muerte.
PAPAGENO
¡Seguiré soltero!
SEGUNDO SACERDOTE
¿Y si Sarastro te hubiera reservado una muchacha que fuese igual que tú en el color y en el vestido?
PAPAGENO
¡Igual que yo! ¿Igual que yo? ¿Es joven?
SEGUNDO SACERDOTE
¡Joven y bella!
PAPAGENO
¿Y cómo se llama?
SEGUNDO SACERDOTE
Papagena.
PAPAGENO
¿Cómo? ¿Pa ... ?
SEGUNDO SACERDOTE
Papagena.
PAPAGENO
¿Papagena?... Ja, ja Me gustaría verla, por pura curiosidad.
SEGUNDO SACERDOTE
¡Podrás verla!
PAPAGENO
¿Y he de morir, una vez que la haya visto? ¡Seguiré soltero!
SEGUNDO SACERDOTE
Podrás verla. ¿Pero tendrás suficiente fortaleza como para no cruzar con ella ni una sola palabra?
PAPAGENO
¡Oh, sí!
SEGUNDO SACERDOTE
¡Tu mano! La verás.
PRIMER SACERDOTE
(a Tamino)
También a ti, príncipe, te imponen silencio los dioses. ¡Verás a Pamina, pero no te estará permitido hablar con ella! Éste es el inicio de vuestro tiempo de prueba.
11 Dúo
SEGUNDO, TERCER SACERDOTE
Cuidaos de las insidias femeninas: ¡es el primer deber de la alianza!
Hombres sabios se han trastornado, han cometido faltas y no se han dado cuenta.
¡Al final se vieron abandonados, y su fidelidad pagada con burlas! Inútilmente se retorcieron las manos, la muerte y la desesperación fueron su recompensa.
(Los tres sacerdotes salen.)
PAPAGENO
¡Eh, traed luces! ¡Traed luces! Realmente es asombroso: cada vez que esos señores nos dejan, ¡no se ve nada, aunque se tengan abiertos los ojos!
TAMINO
Sopórtalo con paciencia y piensa que es la voluntad de los dioses.
(Las tres damas surgen de repente del suelo.)
12 Quinteto
LAS TRES DAMAS
¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Vosotros en este lugar de espanto?
¡Nunca, nunca, nunca saldréis felizmente de él!
¡Tamino, tu muerte es segura!
¡Papageno, estás perdido!
PAPAGENO
¡No, no, no! ¡Sería demasiado!
TAMINO
Papageno, ¡cállate!
¿Es que vas a quebrantar tu voto de no hablar aquí con mujeres?
PAPAGENO
Ya lo has oído, estamos perdidos.
TAMINO
¡Silencio, te digo!
¡Cállate!
PAPAGENO
¡Siempre silencio y siempre silencio!
LAS TRES DAMAS
¡Muy cerca de aquí está la reina! Ha entrado furtivamente en el templo.
PAPAGENO
¿Cómo? ¿Qué? ¿Está en el templo?
TAMINO
¡Silencio, te digo! ¡Cállate!
¿Es que eres siempre tan atrevido, que olvidas el deber del juramento?
LAS TRES DAMAS
¡Tamino, escucha!
¡Estás perdido!
¡Piensa en la reina!
Se murmura mucho de la falsedad de estos sacerdotes.
TAMINO
(para sí)
Un sabio examina y no hace caso de lo que dice la plebe vulgar.
LAS TRES DAMAS
Se dice, que quien se liga con ellos por juramento, va al infierno en cuerpo y alma.
PAPAGENO
Por el diablo, ¡eso sería inaudito!
Dime, Tamino, ¿es verdad eso?
TAMINO
Pura palabrería, repetida por mujeres, pero predicada por los hipócritas.
PAPAGENO
Pero también la Reina lo dice.
TAMINO
Es una mujer y actúa como mujer.
Tranquilo, te basta con mi palabra, piensa en tu deber y obra sabiamente.
LAS TRES DAMAS
(a Tamino)
¿Por qué te muestras tan esquivo con nosotras?
(Tamino indica por señas que no le está permitido hablar.)
También Papageno calla... ¡Habla, pues!
PAPAGENO
(furtivamente, a las tres damas)
Me gustaría... quisiera...
TAMINO
¡Silencio!
PAPAGENO
Ya veis que no debo...
TAMINO
¡Silencio!
PAPAGENO
¡Que yo no pueda dejar de parlotear, es realmente una vergüenza para mí!
TAMINO
¡Que tú no puedas dejar de parlotear, es realmente una vergüenza para ti!
LAS TRES DAMAS
Hemos de dejarlos con vergüenza, es seguro que ninguno parloteará
TAMINO, PAPAGENO
Han de dejarnos con vergüenza, es seguro que ninguno parloteará.
TODOS
Un espíritu firme tiene el hombre que piensa lo que puede decir.
LOS SACERDOTES
(desde dentro)
¡El sagrado umbral ha sido profanado!
¡Que se hundan en el infierno esas mujeres!
LAS TRES DAMAS
¡Ay de mí! ¡Ay de mí!
(Las damas se hunden en el suelo)
PAPAGENO
¡Ay de mí!
(Cae al suelo. Aparecen con antorchas el primer y el segundo sacerdote)
PRIMER SACERDOTE
Tamino, tu firme y varonil comportamiento ha vencido.
¡Pero aún habrás de recorrer varios caminos ásperos y peligrosos!
(le pone el saco a Tamino)
¡Ven, pues!
(sale con Tamino)
SEGUNDO SACERDOTE
¡Levántate, Papageno!
PAPAGENO
¡Estoy desmayado!
SEGUNDO SACERDOTE
¡Levántate! ¡Sé un hombre!
PAPAGENO
Pero si los dioses me han destinado una Papagena, ¿por qué tengo que conquistarla con tantos peligros?
SEGUNDO SACERDOTE
¡Ven! ¡Seguiré guiándote!
(pone el saco a Papagenoy sale con él)
Escena 3
(Un jardín donde duerme Pamina. La Luna ilumina su rostro. Monostatos entra furtivamente.)
13 Aria
MONOSTATOS
Todos los seres vivos sienten las alegrías del amor, se picotean, juguetean, se abrazan y besan;
y yo debo evitar el amor porque un negro es feo.
¿Es que no poseo un corazón?
¿Es que no soy de carne y sangre?
¡Vivir sin una mujercita sería realmente el fuego del infierno!
¡Porque soy un ser vivo, quiero, picotear, besar, ser cariñoso!
Querida y buena Luna, perdona, una mujer blanca me ha conquistado.
¡Lo blanco es bello! He de besarla.
¡Oh Luna, escóndete!
¡Si te molesta demasiado, oh, entonces cierra los ojos!
(Se desliza lenta y silenciosamente hacia Pamina. La Reina de la Noche surge del suelo entre truenos.)
PAMINA
(se despierta)
¡Madre!
MONOSTATOS
¡Ay de mí! Ésa es... La Reina de la Noche.
PAMINA
¡Madre mía!
MONOSTATOS
¿Madre?
¡He de escuchar lo que dicen!
(se esconde)
LA REINA DE LA NOCHE
¿Dónde está el joven que te envié?
PAMINA
Se ha dedicado a su iniciación.
LA REINA DE LA NOCHE
Está perdido.
¿Ves este acero?
Ha sido afilado para Sarastro.
¡Lo matarás!
PAMINA
¡Madre!
14 Aria
LA REINA DE LA NOCHE
¡La venganza del infierno hierve en mi corazón, la muerte y la desesperación arden a mi alrededor!
Si Sarastro no siente, por tu mano, los dolores de la muerte, nunca más serás hija mía.
¡Repudiada y abandonada serás por toda la eternidad, destruidos quedarán todos los lazos de la Naturaleza, si Sarastro no expira por tu mano!
¡Escuchad!
¡Dioses de la venganza!
¡Escuchad el juramento de una madre!
(le da a Pamina el puñal y se hunde en el suelo.)
PAMINA
(con el puñal en la mano)
¿Mataré?
¡No puedo!
¿Qué haré?
MONOSTATOS
(sale de su escondite)
¡Confiarte a mí!
(le quita el puñal)
PAMINA
¿A ti?
MONOSTATOS
No tienes más que un camino para salvarte a ti y a tu madre.
PAMINA
¿Y cuál sería?
MONOSTATOS
¡Amarme!
PAMINA
¡Dioses!
MONOSTATOS
Vamos, muchacha. ¿Sí o no?
PAMINA
¡No!
MONOSTATOS
¡Entonces morirás!
(Entra Sarastro.)
Señor, soy inocente. Quería vengarte.
SARASTRO
Lo sé, lo sé. Vete.
(Monostatos sale.)
PAMINA
¡Señor! No castigues a mi madre, el dolor de perderme...
SARASTRO
¡Cálmate! Ya verás cómo tomo venganza de tu madre.
15 Aria
SARASTRO
En estas naves sagradas no se conoce la venganza; y si un hombre ha caído, el amor lo conduce al deber. Entonces camina alegre y contento, junto al amigo hacia un país mejor.
En estos muros sagrados, donde el hombre ama al hombre, no puede acechar ningún traidor, porque al amigo se le perdona.
Quien no ama estas doctrinas no merece ser un hombre.
Escena 4
(Una sala. Tamino, Papageno y sacerdotes)
PRIMER SACERDOTE
Aquí estaréis los dos solos. No olvidéis la palabra: Silencio.
(Los sacerdotes salen.)
PAPAGENO
(tras una pausa)
¡Tamino!
TAMINO
(con gesto de represión)
¡Psss!
PAPAGENO
¡Qué vida tan alegre! Si estuviera en mi cabaña de paja, o en el bosque, ¡oiría silbar a los pájaros de vez en cuando!
TAMINO
(con gesto de represión)
¡Pss!
PAPAGENO
Conmigo mismo sí me estará permitido hablar; y también podremos hablar entre nosotros, ya que somos hombres.
TAMINO
¡Pss!
PAPAGENO
¡La la la la la la!
De esta gente no recibe uno ni una gota de agua. Y mucho menos, otras cosas.
(Surge del suelo una mujer vieja y fea, que tiene en su mano una copa de agua.)
¡Eh, tú, vieja!
¿Es para mí esa copa?
MUJER
¡Sí, ángel mío!
PAPAGENO
(bebe)
¡Agua!
MUJER
¡Eso es, ángel mío!
PAPAGENO
¡Vaya, vaya! Vamos, vieja, siéntate aquí a mi lado, se me hace eterno el tiempo.
¿Y qué edad tienes?
MUJER
Dieciocho años y dos minutos.
PAPAGENO
¿Dieciocho años y dos minutos?
MUJER
¡Sí!
PAPAGENO
¡Ja, ja, ja!
¡Eh, tú, joven ángel!
¿Tienes también un amante?
MUJER
¡Claro que sí!
PAPAGENO
¿Y es tan joven como tú?
MUJER
No del todo, me lleva diez años.
PAPAGENO
¿Te lleva diez años?
¡Vaya amor que será ése!
¿Y cómo se llama tu amante?
MUJER
¡Papageno!
PAPAGENO
¿Papageno?
¿Y dónde está ese Papageno?
MUJER
¡Está aquí sentado, ángel mío!
PAPAGENO
¿Es que soy yo tu amante?
MUJER
¡Sí, ángel mío!
PAPAGENO
(toma rápidamente el agua y le rocía con ella el rostro)
Dime, ¿cómo te llamas?
MUJER
Me llamo...
(Un fuerte trueno y la vieja se aleja rápidamente, cojeando.)
PAPAGENO
¡Se ha ido!
¡No volveré a decir una sola palabra!
(Los tres muchachos descienden suspendidos de lo alto. Uno tiene la flauta; otro, el carillón. Aparece una mesa bien provista.)
16 Trío
LOS TRES MUCHACHOS
Por segunda vez os damos la bienvenida, oh varones, al reino de Sarastro.
Sarastro os devuelve lo que os fue quitado, la flauta y el carillón.
Si no desdeñáis estos alimentos, comed y bebed contentos.
¡Cuando nos veamos por tercera vez, la alegría será la recompensa de vuestro coraje!
¡Tamino, ánimo! La meta está cerca. Y tu, Papageno, ¡permanece en silencio!
(desaparecen en lo alto)
PAPAGENO
Tamino, ¿comemos?
(Tamino toca su flauta.)
¡Sigue tocando tu flauta!
Si siempre consigo tan buenos bocados, permaneceré en silencio.
¿Estará tan bien provista asimismo la bodega?
(Bebe.)
¡Ah! ¡Un vino de dioses!
(Calla la flauta. Aparece Pamina.)
PAMINA
¿Tú aquí, Tamino?
Oí tu flauta... Y corrí tras su música.
¿Pero es que estás triste?
¿No le dices ni una sola sílaba a tu Pamina?
(Tamino le hace señas de que se vaya.)
Cómo? ¿He de evitarte? ¿Ya no me amas? Papageno, dime, di...
PAPAGENO
(tiene la boca llena y le hace señas de que se vaya)
¡Hm, hm, hm!
PAMINA
¿Cómo? ¿También tú?
¡Queridísimo, único Tamino!
¡Oh, esto es peor que la muerte!
17 Aria
PAMINA
¡Ay, tengo el presentimiento de que la dicha del amor ha desaparecido para siempre!
¡Nunca volveréis a mi corazón, horas de delicia!
Mira... Tamino, querido, estas lágrimas corren sólo por ti.
¡Si no sientes los anhelos del amor, mi descanso estará en la muerte!
(salen todos)
Escena 5
(Una sala abovedada. Entran Sarastro y los sacerdotes.)
18 Coro de los Sacerdotes
LOS SACERDOTES
¡Oh Isis y Osiris, qué delicia! El brillo del Sol expulsa a la sombría noche.
Pronto el noble joven sentirá una vida nueva; pronto estará completamente entregado a nuestro servicio.
Su espíritu es audaz, su corazón es puro, pronto será digno de nosotros.
(Un sacerdote introduce con solemnidad a Tamino.)
SARASTRO
Tamino, hasta ahora tu comportamiento ha sido varonil y reposado; pero aún has de recorrer dos caminos peligrosos.
Que los dioses te acompañen. ¡Que traigan a Pamina!
(a Tamino)
¡Tu mano!
(Es introducida Pamina, cubierta con un saco. Sarastro se adelanta hacia ella y le quita el saco.)
PAMINA
¿Dónde estoy?
¿Dónde está Tamino?
SARASTRO
Está aguardándote, para darte el último adiós.
PAMINA
¡El último adiós! ¿Dónde esta?
SARASTRO
¡Aquí!
PAMINA
¡Tamino!
TAMINO
¡Atrás!
19 Trío
PAMINA
¿Es que no voy a volver a verte, querido mío?
SARASTRO
Volveréis a veros con alegría.
PAMINA
Te aguardan peligros mortales.
TAMINO, SARASTRO
¡Que los dioses me/te protejan!
PAMINA
No escaparás a la muerte; tengo ese presentimiento.
TAMINO, SARASTRO
Cúmplase la voluntad de los dioses, sus deseos serán leyes para mí/ti.
PAMINA
Oh, si me amases como yo te amo, no estarías tan tranquilo.
SARASTRO
Créeme, él siente los mismos impulsos, te será fiel por toda la eternidad.
TAMINO
Créeme, yo siento los mismos impulsos, te seré fiel por toda la eternidad.
SARASTRO
¡Ha sonado la hora, ahora habréis de separaros!
TAMINO, PAMINA
¡Qué amargos son los sufrimientos de la separación!
SARASTRO
Tamino ha de volver a irse. Ha sonado la hora, ahora habréis de separaros.
TAMINO
¡Pamina, realmente he de irme! Qué amargos son los sufrimientos de la separación!
PAMINA
¡Tamino ha de irse ahora realmente! ¡Tamino!
SARASTRO
Ahora ha de irse!
TAMINO
¡Ahora he de irme!
PAMINA
Has de irte!
TAMINO
¡Pamina, adiós!
PAMINA
¡Tamino, adiós!
SARASTRO
Apresúrate a partir. Te llama tu palabra.
Ha sonado la hora, volveremos a vernos.
TAMINO, PAMINA
¡Ay, áureo sosiego, retorna!
¡Adiós, adiós!
(se alejan)
Escena 6
PAPAGENO
(desde fuera)
¡Tamino! ¡Tamino!
¿Es que quieres abandonarme del todo?
(entra buscando)
¡Si al menos supiese dónde estoy!
(Llega a la puerta por donde se llevan a Tamino.)
UNA VOZ
¡Atrás!
PAPAGENO
¡Dioses misericordiosos!
¡Si al menos supiese por dónde he entrado!
(Se acerca a la puerta por donde entró.)
OTRA VOZ
¡Atrás!
PAPAGENO
¡Pues ahora no puedo ni avanzar ni retroceder!
(Llora. Se le acerca el primer sacerdote.)
PRIMER SACERDOTE
¡Hombre!
Habrías merecido vagar por siempre en los oscuros antros de la Tierra.
Los dioses benignos te condonan la pena. Pero, a cambio, nunca sentirás las alegrías celestiales de los iniciados.
PAPAGENO
Bueno, hay mucha gente igual que yo.
Las alegrías más celestiales serían ahora para mí un buen vaso de vino.
(Del suelo surge una gran copa llena de vino tinto.)
¡Hurra! ¡Ya ha llegado!
PRIMER SACERDOTE
¿Y no tienes ningún otro deseo en este mundo?
PAPAGENO
¡Siento algo muy extraño en el corazón!
Quisiera...desearía... Sí, ¿qué es lo que yo quisiera?
20 Aria
PAPAGENO
Una muchacha o una mujercita es lo que Papageno desea.
¡Oh, una suave pichoncita sería para mí la bienaventuranza!
Entonces me sabrían bien la comida y la bebida, entonces podría competir con los príncipes, disfrutaría la vida como un sabio y estaría como en el Elíseo.
Una muchacha o una mujercita es lo que Papageno desea.
¡Oh, una suave pichoncita sería para mí la bienaventuranza!
¡Ay! ¿Pero es que nunca gustaré a ninguna de todas esas encantadoras muchachas?
Que alguna me saque de mi miseria; de lo contrario, moriré de dolor.
Una muchacha o una mujercita es lo que Papageno desea.
¡Oh, una suave pichoncita sería para mí la bienaventuranza!
¡Si ninguna me concede su amor, me consumirán las llamas!
¡Pero si me besa una boca de mujer, enseguida estaré sano otra vez!
(Entra la mujer vieja, bailando y apoyándose en el bastón.)
MUJER
¡Ya estoy aquí, ángel mío!
PAPAGENO
¿Te has apiadado de mí?
MUJER
¡Si, ángel mío!
PAPAGENO
¡Es una suerte!
MUJER
Y si me prometes serme fiel por toda la eternidad, verás el cariño con que va a amarte tu mujercita.
PAPAGENO
¡No tan deprisa, ángel querido!
Es preciso pensarse bien un vínculo de este género.
MUJER
Papageno, te lo aconsejo, ¡no titubees!
Tu mano, o para siempre quedarás encarcelado aquí.
PAPAGENO
¿Encarcelado?
MUJER
Habrás de vivir sin una amiga y renunciar al mundo para siempre.
PAPAGENO
¿Renunciar al mundo?
No, prefiero tomar a esta vieja a no tomar a ninguna.
Bueno, ahí tienes mi mano, te seré fiel por siempre
(para sí)
¡mientras no vea a otra más bella!
MUJER
¿Lo juras?
PAPAGENO
¡Sí, lo juro!
(La vieja se transforma en una muchacha joven, que va vestida igual que Papageno.)
¡Pa-pa-Papagena!...
(quiere abrazarla)
PRIMER SACERDOTE
¡Aléjate de aquí, joven mujer!
¡Aún no es digno de ti!
(Arrastra fuera a Papagena. Papageno quiere seguirla)
¡Atrás, digo!
PAPAGENO
Antes de dar un paso atrás, me tragará la Tierra.
(Se lo traga la Tierra.)
¡Oh dioses!
Escena 7
(Un jardín. Los tres muchachos descienden suspendidos de lo alto.)
21 Final
LOS TRES MUCHACHOS
Pronto brillará, para anunciar la mañana, el Sol en su órbita dorada.
Pronto se disipará la superstición, pronto vencerá el hombre sabio.
Oh noble sosiego, desciende, regresa al corazón de los humanos; será la Tierra un reino celestial y los hombres serán como dioses.
PRIMER MUCHACHO
Pero mirad, la desesperación atormenta a Pamina
SEGUNDO, TERCER MUCHACHO
¿Dónde se encuentra?
PRIMER MUCHACHO
Ha perdido el juicio.
LOS TRES MUCHACHOS
La atormentan los sufrimientos del amor desdeñado.
¡Vayamos a consolar a esa pobre!
¡Su destino nos toca de cerca!
¡Oh, si su joven estuviese aquí!
La muchacha llega, ocultémonos y así podremos ver lo que hace.
(Se ponen a un lado. Entra Pamina con un puñal en la mano.)
PAMINA
(al puñal)
¿De manera que tú eres mi novio?
¡Tú pondrás fin a todas mis penas!
LOS TRES MUCHACHOS
(para ellos)
¿Qué significan esas oscuras palabras que ha dicho?
La pobre está al borde de la locura.
PAMINA
Paciencia, querido, soy tuya, pronto estaremos desposados,
LOS TRES MUCHACHOS
Su cabeza está tocada por la locura; en su frente aparece el suicidio.
(a Pamina)
¡Noble muchacha, míranos!
PAMINA
Quiero morir porque el hombre al que nunca podré odiar ha abandonado a su amada.
(señalando el puñal)
Esto me lo dio mi madre.
LOS TRES MUCHACHOS
Dios te castigara por el suicidio.
PAMINA
Mejor morir por este hierro que perecer por penas de amor.
Madre, sufro por ti y tu maldición me persigue.
LOS TRES MUCHACHOS
Muchacha, ¿quieres venir con nosotros?
PAMINA
¡Ay, la medida de mi dolor está colmada!
¡Joven pérfido, adiós!
Mira, Pamina muere por ti: que este hierro me mate.
(va a clavárselo)
LOS TRES MUCHACHOS
(le sujetan el brazo)
¡Alto, infeliz! ¡Deténte!
Si tu joven viera esto moriría de dolor; pues te ama únicamente a ti
PAMINA
(se recobra)
¿Cómo?
¿Ha correspondido a mi amor?
¿Y me ha ocultado sus inclinaciones, y ha apartado de mí su rostro?
¿Por qué no me habló?
LOS TRES MUCHACHOS
Eso debemos callarlo, ¡pero vamos a mostrártelo!
Y verás con asombro que te ha consagrado su corazón y que por ti no teme a la muerte.
Ven, vayamos adonde está.
PAMINA
¡Llevadme allá, quisiera verlo!
TODOS
Dos corazones que arden de amor ninguna impotencia humana podrá nunca separarlos.
Vanos serán los esfuerzos de los enemigos, pues los propios dioses los protegen.
(salen todos)
Escena 8
(Dos grandes montañas; en una, hay una cascada; la otra, arroja fuego.
Dos hombres con armadura negra traen a Tamino.)
LOS DE LA ARMADURA
Quien recorre esta vía llena de peligros queda purificado por el fuego, el agua, el aire y la tierra;
si puede vencer el espanto de la muerte saltará de la Tierra al cielo.
Estará iluminado y será capazde consagrarse enteramente a los misterios de Isis.
TAMINO
Ninguna muerte me quitará de obrar como un hombre, de continuar recorriendo el camino de la virtud.
Abridme las puertas del espanto, osaré alegremente la audaz carrera.
(se dispone a salir)
PAMINA
(desde lejos)
¡Tamino, alto! He de verte.
TAMINO
¿Qué es lo que oigo?
¿La voz de Pamina?
LOS DE LA ARMADURA
Sí, sí, es la voz de Pamina.
TAMINO
Oh felicidad, ahora ella podrá acompañarme, ahora ningún destino nos separará ya, ¡aunque nos espere la muerte!
LOS DE LA ARMADURA
Oh felicidad, ahora ella podrá acompañarte, ahora ningún destino os separará ya, ¡aunque os espere la muerte!
TAMINO
¿Me está permitido hablar con ella?
LOS DE LA ARMADURA
¡Te es está permitido hablar con ella!
TODOS
Qué felicidad, volver a vernos/veros, caminar alegres hacia el templo, unidos de la mano.
Una mujer que no teme ni a la noche ni a la muerte es digna de ser iniciada.
(Un sacerdote trae a Pamina. Tamino y Pamina se abrazan.)
PAMINA
¡Tamino mío! ¡Oh, qué felicidad!
TAMINO
¡Pamina mía! ¡Oh, qué felicidad!
Aquí están las puertas del espanto, que me amenazan con la miseria y la muerte
PAMINA
En todas partes estaré a tu lado.
Yo misma te guiaré, el amor me conducirá
(le toma de la mano)
Él sembrará de rosas el camino, pues rosas y espinas van unidas.
Y si tú tocas tu flauta mágica, ella nos protegerá en el camino.
En una hora mágica mi padre la talló de lo más hondo de una encina milenaria, entre truenos y relámpagos, tempestades y huracanes.
Ven y toca la flauta, nos guiará por el camino de espanto.
PAMINA, TAMINO
¡Alegres atravesamos, gracias al poder de la música, la sombría noche de la muerte!
LOS DE LA ARMADURA
¡Alegres atravesáis, gracias al poder de la música, la sombría noche de la muerte!
(Tamino y Pamina se dirigen hacia la montaña que arroja fuego. Atraviesan las llamas, entre los
rugidos del viento. Tamino toca su flauta. Así que salen del fuego, se abrazan.)
PAMINA, TAMINO
Hemos atravesado las llamas ardientes, hemos afrontado con valor el peligro
Que tu música nos proteja en el agua, como nos ha protegido en el fuego.
(Tamino toca la flauta. Se dirigen hacia la montaña de la cascada, descienden y al poco tiempo vuelven a subir. Enseguida aparece la entrada de un templo que brilla iluminado.)
PAMINA, TAMINO
¡Dioses! ¡Qué instante!
¡Se nos ha otorgado la felicidad de Isis!
CORO DE LOS SACERDOTES
(desde dentro)
¡Triunfo! ¡Triunfo! ¡Noble Pareja!
Has vencido el peligro, tuya es la consagración de Isis, ¡venid, entrad en el templo!
Escena 9
(Un jardín. Entra Papageno.)
PAPAGENO
(llama con su silbato)
¡Papagena, Papagena, Papagena!
¡Mujercita, pichoncita, hermosa mía!
¡Es inútil! ¡Ay, la he perdido!
Es que he nacido para ser desgraciado.
He parloteado, y eso no estaba bien,y por eso me lo tengo bien merecido.
Desde que probé aquel vino...
Desde que vi a la bella mujercita, mi corazón arde en lo más íntimo, me pincha en un lado y me pincha en el otro.
¡Papagena, mujercita de mi corazón!
¡Papagena, pichoncita querida!
¡Es inútil, no sirve de nada!
¡Estoy cansado de mi vida!
La muerte pone fin al amor, cuando quema tanto en el corazón.
(coge una cuerda)
Adornaré este árbol, me colgaré del cuello, pues la vida me desagrada; buenas noches, negro mundo, que tan mal me tratas y no quieres darme una bella niña.
Todo ha acabado, voy a morir, pensad en mí, bellas muchachas.
Si alguna quiere, antes de que me cuelgue, apiadarse de este pobre, ¡bueno, lo dejaría por esta vez!
Decid únicamente: ¡sí o no!
¡Ninguna me ha oído, todo está en silencio!
¿Eso es, pues, lo que queréis?
¡Papageno, ánimo, arriba!
Pon fin a la carrera de tu vida.
Bueno, esperaré, pero sólo hasta que cuente uno, dos y tres.
(silba)
¡Uno...!
¡Dos...!
¡Tres...!
¡Bien, aquí nos quedamos!
Puesto que nadie me detiene, ¡buenas noches, pérfido mundo!
(Se dispone a colgarse.)
LOS TRES MUCHACHOS
(descienden suspendidos de lo alto)
Deténte, oh Papageno, y sé sabio; se vive una sola vez, que eso te baste.
PAPAGENO
Habláis bien, bromeáis bien.
Pero si vuestro corazón os quemase como el mío, también andaríais buscando muchachas.
LOS TRES MUCHACHOS
Toca tu carillón, eso te traerá a tu mujercita
PAPAGENO
¡Pero estoy loco!...
¡Mis instrumentos mágicos!
(saca el carillón)
¡Resuena, carillón, resuena!
He de ver a mi querida muchacha.
(los muchachos traen a Papagena)
¡Resuena, carillón, resuena!
¡Tráeme a mi muchacha!
¡Resuena, carillón, resuena!
¡Tráeme a mi mujercita!
LOS TRES MUCHACHOS
(ascendiendo)
¡Papageno, mira a tu alrededor!
PAPAGENO
¡Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Papagena!
PAPAGENA
¡Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Papageno!
PAPAGENO
¿Ahora eres toda mía?
PAPAGENA
¡Ahora soy toda tuya!
PAPAGENO
¡Bien, entonces sé mi mujercita!
PAPAGENA
¡Bien, entonces sé mi pichoncito!
PAPAGENO, PAPAGENA
¡Qué alegría habrá!
Si los dioses conceden hijos a nuestro amor, ¡niñitos queridos, pequeñitos!
PAPAGENO
¡Primero un pequeño Papageno!
PAPAGENA
¡Y luego una pequeña Papagena!
PAPAGENO
¡Y luego otro Papageno!
PAPAGENA
¡Y luego otra Papagena!
PAPAGENO, PAPAGENA
¡Papageno! ¡Papagena!
Será la más grande de los dichas, cuando muchos, muchos Pa, Pa, Papageno, Pa, Pa, Papagena
sean la bendición de sus padres.
(Papageno y Papagena salen)
scena 10
(Monostatos y la Reina de la Noche con sus tres damas surgen del suelo.)
MONOSTATOS
¡Silencio, silencio!
Pronto entraremos en el templo.
LA REINA DE LA NOCHE,
LAS TRES DAMAS
¡Silencio, silencio!
¡Pronto entraremos en el templo!
MONOSTATOS
Pero, Princesa, ¡mantén tu palabra!
Cúmplela...
Tu hija será mi esposa.
LA REINA DE LA NOCHE
Mantengo mi palabra; es mi voluntad.
Mi hija será tu esposa.
LAS TRES DAMAS
Su hija será tu esposa.
MONOSTATOS
¡Silencio!
Oigo un ruido espantoso, como de truenos y cascadas.
LA REINA DE LA NOCHE,
LAS TRES DAMAS
Sí, son unos ruidos espantosos, como el eco de un trueno lejano.
MONOSTATOS
Ahora estamos en el templo.
TODOS
Aquí vamos a sorprenderlos, a extirpar de la Tierra a los piadosos, con la espada poderosa y el fuego.
LAS TRES DAMAS, MONOSTATOS
A ti, gran Reina de la Noche, sea ofrecido el sacrificio de nuestra venganza.
(Truenos, rayos, tempestad.)
TODOS
Destruido, aniquilado está nuestro poder, nos hundimos en la noche eterna.
(Se hunden. El Templo del Sol. Aparecen Sarastro, Tamino y Pamina con vestiduras sacerdotales, los sacerdotes y los tres muchachos.)
SARASTRO
Los rayos del Sol expulsan la noche, aniquilado está el poder de los hipócritas que aquí se habían infiltrado.
CORO
¡Gloria a vosotros, iniciados!
Atravesasteis la noche.
¡Gracias sean dadas a ti, Osiris, y a ti, Isis!
¡La fortaleza ha vencido y en recompensa corona a la belleza y a la sabiduría con una corona eterna!
F I N
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